Campamentos de verano: El importante papel de los monitores
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Campamentos de verano: El importante papel de los monitores

campamentos de verano y monitores

Campamentos de verano: El importante papel de los monitores

Que el niño/a se sienta cada día protagonista de una aventura única e inolvidable, ese es parte del gran desafío que se les presenta a los monitores que cada temporada son los responsables de los campamentos de verano a los que mandamos a nuestros hijos. Ellos juegan un papel crucial en el momento de la recepción de los participantes de los campamentos de verano, en la integración de todos los chavales y en el correcto desarrollo de todas las actividades.

Detrás de tanto trabajo, existe un amplio equipo de profesionales al que hoy hemos querido dar voz para que muchos padres conozcan un poco mejor cómo se gestan los campamentos de verano. Para ello, hemos hablado con Lúa García Ochoa, monitora en GlobalCamp.

¿Qué preparación y qué cualidades debe tener un monitor de campamentos de verano? 

El monitor/a, ha de saber que, ante todo: es educador/a. Quien trabaja en nuestro equipo debe partir de la base de concebir todas las acciones que realizamos como un dispositivo pedagógico. Como monitores han de poseer la capacidad de sorprender al niño/a para que se comprometa con la propuesta ofrecida.

En nuestros campamentos promovemos una “EducAcción” personalizada, esto implica el respeto a la identidad de cada niño/a, a sus peculiaridades, ritmos, capacidades, gustos… Respetamos las diversidades individuales, intentando hacer de la realidad una unidad diversa.

Durante todo el proceso de “EducAcción” el monitor/a tiene que mantener un equilibrio y estabilidad emocional, así como unas pautas coherentes de actuación que sirvan de referente. Las normas y exigencias que planteemos a nuestro grupo han de adecuarse a las características de cada niño/a, dirigidas al bien común y sustentadas en razones lógicas. También es necesario poseer y desarrollar habilidades personales tales como la escucha activa, capacidad de relación, capacidad de reflexión, creatividad, mucha empatía, capacidad de observación y análisis, actitud positiva y crítica, capacidad de sorprender…etc. Pero también, fortaleza de carácter, control de impulsos, tolerancia a la frustración, capacidad para resolver situaciones imprevisibles, autonomía, iniciativa… Y, sobre todo, una determinada vocación por este trabajo. Hemos de encontrar sentido a nuestro trabajo para no caer en la monotonía.

Incentivamos el dialogo y no el castigo, la prohibición o la amenaza. La idea de no ofrecer recompensas ni aplicar sanciones tiene como objetivo el favorecer la auto-motivación y la auto-disciplina en el niño/a, es decir, que haga bien las cosas por el mero hecho de hacerlas y por su propia satisfacción, en vez de hacerlo para conseguir un premio o evitar un castigo. De esta manera contribuimos también al empoderamiento de la persona, la subida de la estima, seguridad y confianza en sí misma. Esto no quita, siempre y cuando esté bien planteado, que se realicen actividades de competición en las que se puedan entregar refuerzos sin dar de lado en ningún caso a la dimensión igualitaria grupal.

Resulta imprescindible también, evaluar continuamente nuestra acción educativa, pues entendemos la evaluación como proceso continuo que verifica el rendimiento del equipo, en un estímulo y una orientación constante en la mejora de nuestra acción educadora. Al finalizar cada jornada, el equipo de monitores junto con el coordinador/a mantiene una reunión para comentar y analizar el transcurso de las actividades y talleres realizados con el grupo, contrastando los resultados obtenidos con los objetivos previamente marcados, dando solución a las incidencias que pudieran haber surgido, y planificando a su vez, las actividades programadas para la siguiente jornada. Estas sesiones están planteadas para fortalecer las relaciones del equipo de trabajo, y por ende, la mejora de las actuaciones.

¿Cómo se montan los campamentos de verano, es decir, cómo se eligen las actividades a realizar? 

Normalmente ya vienen marcadas desde la propia empresa que respalda el campamento en base a las diferentes demandas de las familias, estas han de estar acordes a la realidad, siendo revisadas cada año y en constante construcción… Se programan diferentes reuniones previas de equipo en las que se cierran actividades, en base a la demanda y en base a las ideas nuevas que hayan podido ir surgiendo de un verano a otro.

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El monitor/a de cada grupo ha de atender y seguir las necesidades del propio grupo, dando a elegir entre diferentes veladas, talleres y juegos, desde nuestra metodología, intentamos, en la medida de lo posible, partir siempre del interés del propio grupo, incluso, aunque a veces nos veamos obligados a ajustar cuadrante.

¿Cómo intervenir en situaciones de crisis?

En los campamentos de verano se vive un proceso muy intenso, en el que el espacio en el que nos encontramos pasas a ser nuestro hogar y en el que los niños y compañeros pasan a ser nuestra  familia, por ello, al igual que en la cotidianeidad de nuestra vida, en el día a día surgen conflictos tanto con nosotros mismos, como con los niños o nuestros compañeros que hay que saber afrontar…

Los monitores y monitoras hemos de contemplar todo conflicto como una oportunidad de aprendizaje. En general hoy, tenemos una visión negativa de los conflictos, probablemente por el malestar emocional que nos supone, los conflictos rompen nuestra armonía y su impacto suele bloquear las iniciativas y disminuye nuestro sentimiento de implicación y pertenencia.

Sin embargo, el error está en el hecho de que en la definición de conflicto lo convirtamos a él en protagonista cuando lo que debemos hacer es centrarnos en su positiva resolución, haciendo uso adecuado de nuestra inteligencia, humildad y creatividad. Que el conflicto se convierta en algo negativo depende mucho de las capacidades que los monitores pongan en juego.

¿Qué es lo más difícil para un monitor de campamentos de verano?

Combatir el cansancio mental y físico. Son muchas horas, muchos días, a un ritmo muy intenso. Ahí reside también la importancia de la presencia del coordinador/a. El coordinador/a ha de ESTAR presente, con todo lo que ello implica.

El amor auténtico a nuestros niños siempre está naciendo, si no nace todos los días entonces muere día a día. Hay que sacar tiempo para divertirse con ellos y cultivar detalles para nuestro grupo. En realidad, ningún detalle es pequeño, pues una palabra dulce puede suavizar un conflicto y una palabra ofensiva puede distanciarnos. Cuidar la relación con nuestros niños exige mantener vivo el diálogo, la comunicación, el respeto y la tolerancia. Cuanto mejor planifiquemos y reflexionemos el hacer para/con nuestro grupo, mayor será la fluidez de nuestra acción educativa y menor será el cansancio.

El monitor/a no es tanto quien enseña, quien dirige o quien dispone, sino alguien que acompaña a los niños, descubre con ellos, se deja cuestionar y sabe proponer con entusiasmo y firmeza. Recordemos que solo la paciencia infinita produce resultados inmediatos. Y el cariño (en todas sus formas) debe ser una de las herramientas principales en este trabajo.

¿El mejor regalo para un monitor?

Sin lugar a duda, el amor de tus niños, y el poder ver que al final, después de toooda la aventura… ¡todo ha ido bien! También es satisfactorio comprobar cómo cuando se ha hecho un buen trabajo, todos los niños y niñas han formado grupo y no se quieren despedir. Y cómo, después de años y años, siguen manteniendo amistad y repiten verano tras verano.

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